jueves, 2 de febrero de 2012

LA ISLA DEL NO RETORNO

Con este nombre se conoce una isla situada entre Venecia y Lido: Poveglia. Una porción de tierra, cuyas construcciones encierran historias de dolor y misterio. Ubicada en la Laguna de Venecia, al norte de Italia, Poveglia fue utilizada ya en tiempos del Imperio Romano, como cementerio para los cadáveres que se amontonaban, fruto de diversas epidemias. 





Cientos de años más tarde, en el siglo XIV, la pandemia de peste negra que se extendió por Europa supuso la búsqueda de una solución a la ingente cantidad de cadáveres que se apilaban en las calles venecianas. A causa de la humedad, los canales y sus aguas sucias, y el intercambio entre mercaderes, hubo una importante aceleración del contagio y se hizo necesario separar a la población sana de los que presentaban algún síntoma o de aquellos a los que la muerte ya había hallado.
Fosa de cadáveres 

Por esta razón, el gobierno italiano de la época decidió trasladar, en un principio, los cadáveres a la isla de Poveglia. Posteriormente, también fueron abandonados allí hombres, mujeres y niños que parecían tener algunos síntomas. Tanto los muertos como los infectados fueron incinerados en grandes fosas. 

Para cuando la pandemia hubo cesado, se calculó que un total de 160.000 cuerpos fueron trasladados a la isla, donde los que fueron llevados vivos eran torturados y quemados junto a las pilas de cadáveres.

En los años siguientes, la isla quedó en el olvido y nadie la visitaba. Nadie hasta que en el año 1922 se estableció en ella un hospital psiquiátrico. Los enfermos mentales allí recluidos aseguraban haber visto los fantasmas de los torturados por la peste y haber oído sus gritos y gemidos. Lógicamente, debido a su estado mental, los pacientes fueron ignorados, pues se atribuía a sus enfermedades la visión de los espectros. 
Interior del hospital psiquiátrico en la actualidad

Sin embargo, con el tiempo no eran los únicos que afirmaban haberlos vistos. El personal del hospital también lo aseguraba. E, incluso, el director del centro llegó a confesarlo tras años de contacto con los pacientes.

Los enfermos eran llevados a lo alto del campanario que se levantaba en un lateral del hospital, donde se les practicaban lobotomías y otras técnicas, con el propósito de encontrar la cura a la locura. Allí eran sometidos a horribles torturas y allí fue también desde donde se lanzó el director del psiquiátrico. El motivo, según cuentan los conocedores de esta historia, fue que comenzó a ver a espíritus rondando por el manicomio, espíritus que le guiaron hasta la torre del campanario. Unos dicen que murió en el acto. Otros que, basándose en el supuesto testimonio de una enfermera que presenció la caída, mientras se retorcía de dolor, una niebla gris salida del suelo le estranguló y acabó con su agonía.

Desde entonces, la isla parece estar maldita. En el año 1960, su dueño intentó vivir de forma habitual en ella, pero no pudo lograrlo. Años más tarde, una familia adinerada quiso comprarla para establecer allí una casa de vacaciones, pero tras la primera noche en Poveglia, decidieron marcharse: la cara de su hija había sido rasgada y había tenido que recibir 14 puntos. Nunca se supo qué sucesos ocurrieron esa noche. Aún hoy se desconoce la causa de tan repentina huída.
Vista exterior del hospital


En la actualidad, la visita está vetada a los turistas y a la población veneciana. Únicamente pueden acceder a ella, los propietarios de los viñedos allí presentes, situados por la favorable y gran cantidad de restos orgánicos. Muchos de ellos procedentes de los que años atrás fueron torturados e incinerados en sus tierras. 


No obstante, algunos aventureros han logrado esquivar el control policial y adentrarse en la isla. Se dice que uno de ellos, a su entrada en las ruinas del hospital psiquiátrico, escuchó una voz que le dijo: “Vete de aquí y no vuelvas”.

¿Verdad o leyenda? Sin duda, una historia cuanto menos escalofriante. Pero también una historia que despierta la curiosidad de muchos, intrigados por lo que parece esconder la isla y por los múltiples interrogantes que aún permanecen abiertos. 

…Y tú, ¿te atreverías a visitarla?

lunes, 26 de diciembre de 2011

Destino: Montenegro

La República de Montenegro, con capital en Podgorica, está situada en el suroeste de la Península Balcánica, delimitando con Serbia, Croacia, Bosnia y Herzegovina, Albania y el Mar Adriático. El relieve de Montenegro es muy montañoso y está cubierto de bosques. Existen además numerosos lagos y cañones, entre los que se encuentra el mayor de Europa. En líneas generales, su relieve se puede dividir en tres zonas: una zona montañosa al norte, donde se encuentra el punto más alto del país, el Durmitor de 2.522 metros; el centro, cubierto de bosques que condicionan el sistema de vida de algunas regiones; y la costa, donde se encuentra la “Boca de Kotor”, fiordo declarado patrimonio de la humanidad.


Parque Nacional Durmitor, situado al noreste del país

Encontramos tres tipos de clima: en la región montañosa, al norte, el clima es subalpino, con inviernos fríos y con nieve y veranos templados. En el centro de Montenegro se da un clima semicontinental, con temperaturas que pueden llegar a 40ºC en verano y a -10ºC en invierno en las llanuras del Norte y del Este, un clima continental con inviernos fríos y veranos muy calurosos. En la costa, los inviernos son generalmente suaves, la temperatura media es de 9ºC en enero; el verano, en cambio, es seco y caluroso, con temperaturas medias que oscilan entre los 23ºC y los 25ºC. Es la costa montenegrina, durante casi todo el año hace sol. El número medio de días soleados es de 240 al año.


Bahía de Tivat, al suroeste del país

La cultura de Montenegro se ha visto influenciada por otras culturas, como son la cultura serbia, la ortodoxa, la eslava, la adriática y, en general, la del centro de Europa (hecho que se debe a su posición geográfica). En la costa, predomina el catolicismo, mientras la influencia bizantina es la mayoritaria en el interior. Un aspecto que tiene su reflejo en las construcciones del país: dichas influencias impregnan su arquitectura. Respecto a la gastronomía, cabe señalar los ingredientes en los que ésta se basa. Son el queso, la carne y la fruta, destacando una bebida popular elaborada a partir de uva o manzanas fermentadas: la rakija.  


Ciudad histórica de Budva

Sin duda, un país lleno de contrastes; de diversidad, étnica y religiosa; y de paisajes de ensueño. Un lugar que ha de estar en la lista de todo viajero y que, por supuesto, apunto en la mía. =)


Fuente: Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación

jueves, 10 de noviembre de 2011


Alejándonos del posible ensalzamiento de la figura de su protagonista, la película Hacia rutas salvajes nos reconcilia con nosotros mismos. Inspirada en una historia real, muestra la aventura implícita en el vivir y en la búsqueda de nuestro vínculo con la naturaleza. Una película que invita (al menos a mi me han dado ganas de ello) a conocer otras formas de vida, otros paisajes y otras costumbres para, finalmente, desarrollarse y conocerse uno mismo.

Sin la unión de todas y cada una de las piezas que conforman nuestro planeta, no seríamos capaces de comprender la diversidad y la belleza de nuestro mundo.